realidad naciona y problematica del peru

Javier Heraud

Escrito por interesnacional 30-05-2006 en General. Comentarios (13)

Javier Heraud


Por  daniel feres oreste

Joven poeta comunista Javier Heraud

Javier Heraud nació en Lima en 1942 y murió en Puerto Maldonado el 15 de mayo de 1963 acribillado. Su muerte fue una verdadera inmolación, producto de sus elevados ideales, pero también un crimen que nunca fue sancionado.

Entre sus más notables creaciones literarias se recuerda su poemario “El río”, editado en 1961, cuando era estudiantes de la Universidad Católica, y “El viaje”. Póstumamente se publicó una edición de sus poesías completas y de sus cartas, dirigidas a sus padres y amigos. El libro incluyó una emotiva alegoría dicha en su homenaje por quien fuera su Maestro, el extinto profesor y poeta Washington Delgado.

En su obra poética, Javier Heraud supera el viejo conflicto entre “poesía pura” y “poesía social” fusionando ambas en un mismo contenido estético, en un sólo impulso vital. Y esto lo distingue de sus predecesores.

Su capacidad creadora y su conducta práctica lo convirtieron en una figura comprometida con los más altos intereses del país. A él aportó numerosos poemas de innegable calidad, pero también una coherencia diáfana entre su pensamiento y su acción. Se hizo guerrillero porque estuvo convencido, en esa circunstancia, que luchar con las armas era una manera directa de asumir su compromiso con la vida. Y es que fue, en efecto, un poeta seriamente comprometido con la causa de la justicia.

Hasta hoy resuenan premonitorias sus sentidas palabras: “moriré entre pájaros y árboles…”. Y así fue, en efecto. Cayó luchando por la causa de los pobres del Perú y pasó a vivir para siempre en el corazón de nuestro pueblo.

La Coyuntura

Escrito por interesnacional 30-05-2006 en General. Comentarios (0)

La Coyuntura


Quieren Imponer A Alan y Al TLC

A pocos días de exhumarse cadáveres de tumbas de Accomarca las primeras victimas del régimen de García-, los peruanos volveremos a las urnas. En este circunstancia, y como colofón de lo ocurrido antes, tendremos que optar escogiendo entre Ollanta Humala y Alan García, o asumiendo distancia frente a ambos, viciar el voto, como lo hicieran ya más de dos millones de electores en abril. Arbitrariamente la derecha ha buscado generar una polarización falsa, pero favorable a sus aviesos propósitos. Ha pretendido convencer al electorado que la contienda pendiente es una disyuntiva entre democracia y dictadura. Como todo tiene un precio, ha debido tragarse un inmenso sapo y desfilar por todas partes asegurando a quien quisiera oírle que Alan García es, nada menos, que la personificación de la democracia. (lo han convertido ya en el “candidato de los ricos” apoyado por Arturo Woodman y Dionisio Romero). A ese juego repulsivo e hipócrita, se han prestado sobre todo los medios de comunicación y sus voceros, pero también los politiqueros al servicio de la clase dominante. Como quien no quiere la cosa se han echado a la espalda el pasado siniestro de quien, hasta ayer nomás, consideraban “inconfiable” y lo han convertido en depositario de sus ilusiones. Han dejado atrás, para eso, la matanza de los Penales, los asesinados en serie, la guerra sucia, pero también el descalabro económico, el saqueo de la hacienda pública, el robo sistemático de los bienes del estado, la inflación galopante, la sustracción de reservas, la pérdida de lingotes de oro del Banco Central y todas las otras lindezas que caracterizaron el régimen que azotara la vida nacional entre 1985 y 1990. En el extremo, han admitido los caprichos del soberbio dirigente aprista consintiendo en admitir que recordar su historia es un modo de hacer “guerra sucia” y “empañar el proceso democrático”, como si todos tuviéramos el deber de sumarnos al coro de áulicos que se ha constituido en las últimas semanas, y olvidar para siempre el terror y la sangre. Es claro que nosotros no nos adheriremos nunca a tamaña maniobra y seguiremos en la brega con nuestras modestas fuerzas para decirle al país que votar por García y ungirlo nuevamente como Presidente constituye una manera torpe y cobarde de asumir un suicidio político que nunca tendrá explicación para las generaciones venideras.

La argumentación que se usa para justificar tamaño despropósito es simplemente ridícula. Ollanta Humala está muy lejos de ser el comunismo, como se le pretende hacer creer a la gente. Y su propuesta de gobierno no hace sino introducir algunos elementos de corte nacionalista que no implicarían cambios sustantivos en la vida peruana. Eso, lo intuye el pueblo que si bien muestra simpatía por el uniformado, no confía plenamente ni en su historia ni en su equipo de gestión, que sigue siendo turbio y discutible. Por eso el “voto de protesta” contra ambas alternativas ha tomado cierta fuerza en diversos sectores sociales. En la Izquierda, hasta muy pocos han tenido el valor de definir su propia propuesta resolviendo votar por Ollanta. La mayoría de los fragmentos de un universo deshecho y en derrota, han preferido callar antes de definir y orientar a los suyos. Nosotros no asumimos ese juego, y recomendamos a nuestros lectores votar a conciencia cerrando firmemente el paso al retorno de quien no tiene luces para gobernar, pero sí soberbia suficiente, prepotencia clara y vínculos netos con el Gran Capital y las Mafias más corruptas.

El TLC En La Recta Final

Como era previsible, Alejandro Toledo busca obsesivamente aprobar el TLC que suscribiera en Washington el pasado 12 de abril a espaldas de los intereses del país y que extendiera la partida de defunción a la Comunidad Andina de Naciones, como lo señalara Hugo Chávez. No lo hace sólo por su propia voluntad. También porque eso forma parte de la receta de la Casa Blanca, empeñada como está en maniatar al próximo gobierno -cualquiera que sea- para asegurar la vigencia del “modelo” neo liberal que tanto daño ha causado al país. Para ese efecto cuenta, sin duda, con la complicidad de los llamados “partidos grandes”, que vivieron siempre -y gobernaron- a la sombra de la administración norteamericana sirviendo dócilmente sus propósitos. En particular el APRA -por su proximidad al Poder y su fuerza parlamentaria- es una herramienta decisiva para tal efecto y su dirección -traicionando el sentimiento de sus propias bases- se muestra dispuesta a complementar esa iniciativa. Tratará, sin embargo que el tema pase a consideración del Congreso después de la segunda vuelta para que una decisión no compartida por la ciudadanía, no afecte la sensibilidad del electorado el 4 de junio. Aunque está planteado el tema de un Referéndum para el que se han agotado los requerimientos legales, es improbable que se opte por tal procedimiento porque la reacción no se muestra dispuesta al debate sino apenas al acatamiento servil y lacayuno a los dictados de Washington, actitud que busca perversamente extender al conjunto de la ciudadanía. La opinión pública no debe aceptar pasivamente tamaño despropósito, y la movilización del 24 de mayo convocada por las organizaciones sociales y sindicales constituye un deber ineludible a través de la cual el Perú dirá su palabra.

El ALBA y la Perspectiva de los Pueblos

Precisamente para enfrentar tratados de orden local, como el TLC, está surgiendo el Acuerdo Bolivariano para las Américas –el ALBA- que concluyera recientemente en La Habana con la suscripción de cinco documentos muy valiosos por parte de los mandatarios de Cuba, Venezuela y Bolivia. A diferencia del ALCA, un acuerdo meramente económico para beneficio de los grandes monopolios, el ALBA alienta sociedades más humanas, justas y participatorias; una integración basada en la unidad, la solidaridad y la justicia; una alianza de pueblos en proceso de transformación y un acuerdo para avanzar a partir de un punto de vista social. El ALBA se esmera, en efecto, por resaltar el trabajo productivo y creador de los pueblos como fuente de riqueza, y la lucha de las grandes masas por un porvenir mejor. Loable tarea a la que nos sumaremos tarde o temprano también los peruanos.

LOS ALETAZOS DE LA CORRUPCION:

El retorno de los Crousillat, capitostes del Canal 4 que se vendieran por una cuantiosa suma -14 millones de dólares- al corrupto régimen de Fujimori en la siniestra “salita del SIN”, puso nuevamente en el debate el tema de la actitud de la sociedad peruana frente a la corrupción. En una circunstancia en la que la carta que se maneja es la de la impunidad, resulta fundamental redoblar la lucha para que se castiguen ejemplarmente las acciones implementadas por la Mafia en el pasado reciente. Los empresarios a su servicio no solamente que deben afrontar juicios, sino que tienen la obligación de devolver al país los dineros mal habidos, hecho que no viene ocurriendo por la lenidad de la justicia y la complicidad de quienes tienen el deber de administrarla. Los juicios incoados a la Mafia deben concluir de acuerdo a ley y en estricto sentido de justicia. Entre ellos, para actuar sin dobleces ni acomodos, hay que considerar los casos que involucran a García y a Giampietri.

El falso Nacionalismo

Escrito por interesnacional 30-05-2006 en General. Comentarios (2)

El Falso Nacionalismo


Por Gustavo Espinoza M.

El escenario político ha puesto en debate diversos temas. Uno de ellos es el del nacionalismo y su relación con el país.

Formalmente de admite que el nacionalismo forma parte de una concepción de vida ligada a la existencia misma de las naciones. De ahí que resulte común la idea de la superioridad de una nación con respecto a otras. Similitudes y diferencias entre una nación y otra no tienen que ver solamente con el proceso de la historia, sino también con la cultura, las tradiciones de los pueblos y la propia capacidad productiva de las naciones. Pero además, con los cantos de sirena con que se busca enfrentar a unos pueblos contra otros alentando diferencias artificiales o reales.

En la etapa inicial de la sociedad capitalista, cuando la joven burguesía emergente buscaba afirmar su poder en una determinada región del mundo, el nacionalismo asomaba como un hálito de fe y una voluntad de progreso. Lucía entonces como una expresión natural vinculada al avance de las naciones en lucha por el bienestar y el desarrollo. Afianzado el Poder de unos sobre otros, las diferencias nacionales fueron atizadas, paulatinamente y convertidas en fuente de dominación.

En la época actual, en el periodo del imperialismo, ese afán de dominio, convertido en una suerte de “orgullo nacional”, sirve de sustento a los sectores más agresivos del capital financiero para ejercer su dominio oprimiendo a los sectores más amplios. Expresión muy clara de esa deformada concepción nacionalista, fluye del chovinismo de gran potencia que irradian los discursos de George W. Bush, que lo revindica como la esencia de su doctrina, convencido como está de la “Gran Misión” de la “sociedad americana”.

Y es que en esta etapa de la historia, de un modo más nítido que en otras, se perfila el vínculo que existe entre “la voluntad nacional de dominación” y los intereses económicos, y materiales, que se entrelazan en el mundo globalizado. Para los núcleos agresivos de la sociedad contemporánea, el dominio de la “nación americana” pasa irremediablemente por la opresión nacional ejercida contra los pueblos menos desarrollados, y el pillaje indiscriminado de sus riquezas en beneficio de las grandes empresas norteamericanas y el capital transnacional.

De ese modo ese nacionalismo sirve objetivamente para sustentar las posiciones más reaccionarias en la medida en que funde en un sólo contenido nociones distintas: un falso orgullo nacional y la capacidad de dominación de un pueblo sobre otros. La expresión más nítida de esta deformada concepción nacionalista, fue ciertamente el fascismo y su variante más siniestra: el hitlerismo, caricatura esperpéntica del nacionalismo, como certeramente lo señala Max Hernández en una reciente y lúcida entrevista publicada en la revista “Qué hacer”. Su base chovinista generó por cierto una clara concepción antisocialista en todas sus variantes.

Porque lo entendió así de una manera muy concreta, Mariátegui se encargo de subrayar que “el nacionalismo de las naciones europeas -donde nacionalismo y conservantismo se identifican y consustancian- se propone fines imperialistas. Es reaccionario y anti socialista”. Podríamos añadir aquí que esta referencia debiera hacerse extensiva no sólo a las “naciones europeas” sino también hoy a los Estados Unidos.

Pero el nacionalismo asume una connotación distinta en los países en vías de desarrollo. No en todos los casos esa “connotación distinta” es progresista o avanzada, pero puede serlo. La diferencia tiene que ver con los sectores o fuerzas que la enarbolen, pero también sin duda con el contenido de las propuestas que se planteen.

Ocurre, por ejemplo, que en nuestro país sectores que no tienen ninguna voluntad nacional, que no se sienten en absoluto ligados al destino del país, que no encarnan ni defienden los intereses nacionales; sino que, al contrario, están estrechamente vinculados a los consorcios transnacionales; enarbolan ocasionalmente intereses supuestamente “nacionalistas” para distanciarnos de procesos progresistas que ocurren en nuestro continente.

La forma más grosera como ocurre esto, es cuando en nombre de la “soberanía nacional”, se busca introducir cuñas y generar enfrentamientos entre países hermanos, como Perú y Venezuela, o Perú y Bolivia. La más rampante hipocresía de quienes alientan estas tesis, no puede ocultar sin embargo que, al mismo que las enarbolan, justifican plenamente nuestro papel de “segundones” frente a los países capitalistas desarrollados y la necesidad de remachar nuestra dependencia con relación a los Estados Unidos.

Por “nacionalistas”, no podemos “hipotecarnos a Chávez”, dicen, pero no trepidan en hipotecarnos al dominio yanqui. Por “nacionalistas” -añaden- no debemos “seguir el camino de otros”, como Evo Morales. Pero sí podemos, y debemos perjudicar nuestro propio desarrollo sacrificando la agricultura nacional para beneficiar a los productores de los Estados Unidos, como ocurre con el TLC.

Ese es un falso nacionalismo. Es el uso de una categoría contraria a los intereses nacionales del Perú en provecho de los poderosos. Mariátegui, por eso distingue el tema de una manera muy precisa, y asegura que “el nacionalismo de los pueblos coloniales –sí, coloniales económicamente aunque se vanaglorien de su autonomía política- tiene un origen y un impulso totalmente diversos. En estos pueblos, el nacionalismo es revolucionario”.

La condición para que esto sea así, y para que el nacionalismo en nuestros países cumpla una función de corte liberador, para que el patriotismo -y no el patrioterismo- contribuya a afirmar la conciencia nacional y la dignidad, para que el sentimiento nacional -y no el chovinismo- se impongan; es preciso que se proponga una formulación estratégica de corte socialista. La suma del orgullo nacional y del socialismo como concepción de clase, permitirá, en la perspectiva, hacer avanzar el nacionalismo rumbo al socialismo, asegurando su porvenir. En los hechos, y más allá de diferencias puntuales y ciertamente episódicas, ese fue el contenido básico de la opción velasquista. Y eso es, en el fondo, lo que explica el odio profundo que siente hacia ella la derecha más reaccionaria.

Editorial

Escrito por interesnacional 30-05-2006 en General. Comentarios (1)

Año IV- Nro. 51 - Actualizado el 18 de mayo de 2006

Martes, Mayo 30, 2006


¡INMEDIATA EXTRADICCION DE FUJIMORI

El Colectivo de Direcciòn de realidad nacional considera un deber rechazar firmemente la decisiòn de la justicia chilena que liberò ayer a Alberto Fujimori de la reclusión de lujo que afrontaba en la Escuela de Gendarmería de Santiago.

Esta decisión constituye una verdadera afrenta a la justicia y refleja una clara concepción de clase que hay que poner en evidencia. La misma "justicia" que liberó al dictador peruano es la que, en numerosas oportunidades, concedió similar privilegio a Augusto Pinochet quien, pese a todos los cargos que existen en su contra, no ha estado realmente preso ni un solo día.

Es deber del gobierno peruano demandar con toda firmeza la extradicción inmediata de Alberto Fujimori para que responda en el Perú por los alevosos crímenes que cometiera en el pasado reciente.

Lima, 18 de mayo del 2006

El Colectivo de Dirección de R.N.

EDITORIAL

Una Dura Batalla

“Hay que tener una fe apasionada en la causa que se defiende”, solía decir Dolores Ibarruri, La célebre Pasionaria que recordamos hoy, cuando se cumplen 75 años de la proclamación de la República Española, esa misma que fuera ahogada en sangre pocos años más tarde por el fascismo ascendente, con la complicidad del gobierno norteamericano y de las potencias capitalistas de Europa Occidental. La cita viene al caso porque tenemos planteada una muy dura batalla por delante. Desde un primer momento dijimos, en efecto, que independientemente de quién ganara los comicios programados para este año, lo importante para el pueblo era prepararse para la perspectiva. Y eso asoma ahora como una realidad muy cruda.

La polarización planteada por la derecha más reaccionaria y los medios de comunicación a su servicio, busca convencer a los peruanos que a un lado se sitúa la democracia con todas sus imperfecciones; y al otro, la dictadura. Se trata ciertamente de un juego siniestro que sirve si tapujos al Gran Capital y a la oligarquía parasitaria y en derrota. Por eso no sorprende en absoluto que a su sombra se den la mano personajes como Arturo Woodman, Dionisio Romero, Rafael Rey, José Barba o Mario Vargas Llosa Empresarios unos, politiqueros otros y escribientes al servicio de la Clase Dominante, reflejan todos el pánico que les infunde cualquier posibilidad de cambio.

No sólo la Revolución los asusta. También la posibilidad de que una simple ventisca descoloque las cartas que laboriosamente han colocado sobre la mesa. No quieren que nadie toque lo suyo; que ni siquiera se acerque a sus predios que juzgan invulnerables. Y se muestran por eso ahítos de soberbia incubando la ilusión de una victoria que juzgan imparable.

Más allá de lo que ocurra, sin embargo, el 4 de junio en las ánforas, decisivo será lo que piense el pueblo, y la manera cómo actúe en defensa del país y de sus verdaderos intereses de clase. Estamos ad portas de una lucha desplegada en grandes escenarios, en los que se entremezclan acciones nacionales y batallas que ocurrirán más allá de nuestras fronteras. La lucha de clases, en América Latina, adquiere nuevas dimensiones y afronta grandes retos. Nacionalismo e Internacionalismo tendrán que darse la mano cuando lo que importa es avanzar para construir una sociedad mejor. Y eso solo será posible con fe apasionada en una causa justa.